07 julio 2015

Presentación de Raúl Hernández a La velocidad de la caída.



Cada poema es una lucha, un lugar en donde nos jugamos la vida, en donde las preguntas se pierden en la noche y se escapan con las estrellas que caen como este libro y su velocidad. Con el vértigo, con la altura de nuestras miradas. Y quedan llagas, quedan grietas visibles ante cada lectura, cada instante en el que nos situamos en esta caída. Una caída que sucede en un hogar que prevalece en los momentos idos y venideros. Un hogar que sirve como escenario de amplitud, como sitio del suceso.

La soledad y el despliegue de los íntimos alaridos van dando forma a un escenario oscuro que palpita en cada esquina de esta casa, en donde todo lo que se escribe mira hacia adentro. Hacia dentro de una voz que habita un espacio visible como una habitación que se describe con los pasos de quien no busca una salida, sino que encuentra la verdad en el simple hábito de describirse, de anotarse, de mirarse al espejo.

Esta caída habla entonces de ese tramo intenso que pareciera breve pero que se alarga y se vuelve insostenible. Caer se hace inevitable, y en esa aventura del derrumbe es que nace cada poema cincelado como pilares de un espacio protegido ante tal desenlace. La caída se describe y nos involucra en este proceso descendiente llevándonos de la mano hacia el resultado de todo este momento.

Es así como Florencia Smiths nos muestra en “La velocidad de la caída” un trabajo minucioso y acabado en un trance que se vuelve genuino junto al desgarro y en la contradictoria esencia del hogar que se vuelve escenario de esta escapatoria. Y esta búsqueda la encontramos en su constante decirse y mirarse, en las palabras y los objetos cotidianos, todo reunido para envolver un instante que sólo puede entregar un desenlace al describirlo, al tocarlo y hacerlo propio. Un corazón en la mano a la cual la autora le habla.

De este modo, al leer cada uno de los poemas de este libro, nos adentramos a esa esquina sombría de los lugares que muchas veces intentamos evitar, pero que están ahí, en la memoria, en las grietas y en las heridas. Sanar de todo esto no pareciera ser una premisa posible pues en el tránsito de cada instante descrito, se vive y se escribe, se debilita y se fortalecen los movimientos en la obra de quien sabe e intuye que cada una de las palabras utilizadas son parte de una verdad incuestionable, una insustituible realidad que ha querido ser este libro brilloso en su oscuridad. Brillante en su nocturno acontecer.

“La velocidad de la caída” de Florencia Smiths es una obra que camina por la vereda de la fractura y sus consecuencias, del dolerse y mirarse en cada uno de los días y que, al mismo tiempo, trasciende en una búsqueda intensa que nos acerca a la estética de un mundo privado. Un mundo en donde el hábito de “anotarse” es una ventana posible hacia un nuevo lugar en donde abrigarse y mirar desde lejos los precipicios.



Raúl Hernández
Presentación en Espacio Estravagario, Stgo. de Chile.
Junio, 2015

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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