09 mayo 2014

Soliloquio de la solipsista. Sylvia Plath.


Yo?
Camino a solas;
La calle a medianoche
Se prolonga bajo mis pies;
Cuando cierro los ojos
Todas estas casas de ensueño se extinguen:
Por un capricho mío

La cebolla celestial de la luna cuelga en lo alto
De los hastiales.

Yo
Hago que las casas se encojan
Y que los árboles mengüen
Alejándose; la traílla de mi mirada
Hace bailar a las personas-marionetas
Que, ignorando que se consumen,
Se ríen, se besan, se emborrachan, sin sospechar
Igualmente que, cada vez que yo parpadeo,
Mueren.

Yo,
Cuando estoy de buen humor,
Doy a la hierba sus colores
Verde blasón y azul celeste, otorgo al sol
Su dorado;
Pero, en mis días invernales, ostento
El poder absoluto
De boicotear los colores y prohibir que las flores
Existan.

Yo,
Sé que tú apareces
Vívida a mi lado,
Negando que brotaste de mi cabeza,
Clamando que sientes un amor
Lo bastante ardiente como para experimentar la carne real,
Aunque salte a la vista,
Querida, que toda tu belleza y todo tu ingenio son dones
Que yo te concedí.


S. Plath
1956

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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