05 agosto 2013

Ne me quitte pas, Jacques Brel.




No me dejes
hay que olvidar
todo se puede olvidar
lo que ya se fue
olvidar el tiempo
de los malos entendidos
y el tiempo perdido
para aclararlos
olvidar esas horas
que mataban a veces
a golpes de porqués
al corazón de la felicidad
No me dejes
no me dejes
no me dejes
no me dejes
yo te ofreceré 
perlas de lluvia
venidas de países
donde no llueve
yo escarbaré la tierra
hasta después de mi muerte
para cubrir tu cuerpo
de oro y de luz
yo haré´un reino
donde el amor será rey
donde el amor será ley
donde tu serás rey
no me dejes
no me dejes
no me dejes
no me dejes
yo te inventaré
palabras locas
que tú comprenderás
yo te hablaré 
de esos amantes
que han visto por dos veces
arder sus corazones
yo te contaré 
la historia de un rey
que murió 
por no haber podido encontrarte
no me dejes
no me dejes
no me dejes
no me dejes
Se ha visto a menudo
resurgir el fuego
del antiguo volcán
que se creía demasiado viejo
Existen
tierras quemadas
que dan más trigo
que un mejor abril
y cuando viene la noche
para que un cielo arda
el rojo y el negro
¿acaso no se unen?
no me dejes
no me dejes
no me dejes
no me dejes
no voy a llorar más
no voy a hablar
yo me ocultaré
para mirarte
bailar y sonreír
y al escucharte
cantar y después reír
déjame volverme
la sombra de tu sombra
la sombra de tu mano
la sombra de tu perro

no me dejes 
no me dejes
no me dejes
no me dejes

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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