17 agosto 2013

Presentación La velocidad de la caída. Por Gladys González


Florencia Smiths y Gladys González
Fotografía de Rensi Veninga


La plaquette La velocidad de la caída de Florencia Smiths es un texto en construcción que plantea de forma tácita el sometimiento de un ente femenino frente a un él que la violenta y controla. La hablante explicita y contextualiza el interior del personaje poético de la siguiente forma, cito: una persona vacía como una muñeca/  abierta y transparente/ caminando para encontrarse/con su doble. La actuante es ética y estéticamente sublime, desde lo que se desprende del texto, sobrepasando conductualmente al violento hombre que interpela, a través del predominio de lo etéreo, la obediencia y la subordinación.

La plaquette sugiere una suerte de bondage que se va urdiendo a través de los textos e imágenes. Cito: que le hace lamer los pies/ en el suelo// que la obliga a barrer las huellas/ estampadas bajo sus pies// ella olvidó hablar/  en idiomas satánicos. A continuación explico, el bondage es una denominación aplicada a los encordamientos eróticos ejecutados sobre una persona vestida o desnuda. Los atamientos pueden hacerse sobre una parte o sobre la totalidad del cuerpo, utilizando generalmente cuerdas, o cualquier otra cosa que pueda servir para inmovilizar a una persona. Con cierta frecuencia, a la persona se le aplica una mordaza o los ojos vendados. Cito: pero ella está escribiendo la destrucción/ y el vaciado de un eje/ que también la arrastró/ en momentos de vileza. También encontramos el siguiente texto: la de la boca torcida/ la de la soga al cuello/ la hematoma azul pintada en/ acuarela como una obra.

Estos elementos que pueden ser banales, en primera instancia, se convierten en objetos que metaforizan la construcción de una resignación y un acatamiento propio de un cuerpo enfermo -es importante señalar que esta palabra cuerpo se repite constantemente en la obra de Florencia Smiths creando un imaginario aún inacabado, en proceso de cimentación- de una voluntad que es cercenada por la propia abulia y el control excesivo de otro, a quien se acusa de manipular y oscurecer la realidad. Cito: pero sabe que no puede/ volverse bestia/ porque otra es la especie/ que somete. Podemos observar 5 elementos que comprenden esta la realidad donde hay una clara revelación del poder y una relación de meritocracia: disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo. Foucault reflexionando sobre este concepto  sentenció lo siguiente: “el poder es esencialmente lo que se reprime”.

En Hegel, existen imperativos éticos que nos autoimponemos en el intento de negar o sacrificar la vida corporal. Pero el cuerpo no puede ser negado totalmente ya que eso equivaldría a la muerte. Así, el miedo a la muerte hace que, por medio del sacrificio corporal, el sujeto se aferre a su propio cuerpo. En el esquema de Freud, la libido no es completamente negada por medio de la represión, sino que la propia represión la conserva. Para Butler, el poder no se concibe como internalizado por un sujeto. El sujeto no aparece como “domesticado” por adelantado, ligado sin remedio a las condiciones del poder social que le son impuestas, o enfrentando invariablemente al poder. [1]

La imagen de la casa es frecuente y aduce a un espacio de encierro, de reclusión, de apartamiento donde la mujer se convierte en un objeto que sirve de excusa para la liberación neurótica de un hombre cegado por sí mismo y las convenciones sociales machistas que lo abruman y crean su realidad de torturador de lo cotidiano. La protagonista del texto intenta generar espacios de liberación en las tareas habituales del hogar, casi como una forma de paroxismo metafísico cuando habla sobre escribirse el rostro, pero luego el arrepentimiento y la culpa, dos grandes elementos que ciegan al personaje, limitan la desobediencia, confinan la autonomía y liberación,  se resiste su inconsciente acostumbrado al servilismo y recae, con cierto goce, una pulsión paradójica entre la satisfacción y el sufrimiento, dos polos de su tragedia. 






Gladys González Solís


*Texto leído en lanzamiento de la plaquette, editada por Perro de Puerto, Valparaíso, Parque cultural de Valparaíso, ex cárcel, agosto 2013.

05 agosto 2013

La velocidad de la caída, plaquette, lanzamiento.


Gladys González presentando la plaquette. 








Fotografías de: Rens Veninga

 Perro de Puerto Ediciones


La velocidad de la caída, plaquette. 

Viernes 02 agosto 2013
Parque Cultural de Valparaíso
***

Ne me quitte pas, Jacques Brel.




No me dejes
hay que olvidar
todo se puede olvidar
lo que ya se fue
olvidar el tiempo
de los malos entendidos
y el tiempo perdido
para aclararlos
olvidar esas horas
que mataban a veces
a golpes de porqués
al corazón de la felicidad
No me dejes
no me dejes
no me dejes
no me dejes
yo te ofreceré 
perlas de lluvia
venidas de países
donde no llueve
yo escarbaré la tierra
hasta después de mi muerte
para cubrir tu cuerpo
de oro y de luz
yo haré´un reino
donde el amor será rey
donde el amor será ley
donde tu serás rey
no me dejes
no me dejes
no me dejes
no me dejes
yo te inventaré
palabras locas
que tú comprenderás
yo te hablaré 
de esos amantes
que han visto por dos veces
arder sus corazones
yo te contaré 
la historia de un rey
que murió 
por no haber podido encontrarte
no me dejes
no me dejes
no me dejes
no me dejes
Se ha visto a menudo
resurgir el fuego
del antiguo volcán
que se creía demasiado viejo
Existen
tierras quemadas
que dan más trigo
que un mejor abril
y cuando viene la noche
para que un cielo arda
el rojo y el negro
¿acaso no se unen?
no me dejes
no me dejes
no me dejes
no me dejes
no voy a llorar más
no voy a hablar
yo me ocultaré
para mirarte
bailar y sonreír
y al escucharte
cantar y después reír
déjame volverme
la sombra de tu sombra
la sombra de tu mano
la sombra de tu perro

no me dejes 
no me dejes
no me dejes
no me dejes

El color de los años '20

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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