13 agosto 2012

Sala de psicopatología


Después de años en Europa
Quiero decir París, Saint Tropez, Cap 
St.Pierre, Provence, Florencia, Siena,
Roma, Capri, Ischia, San Sebastián, 
Santillana del Mar, Marbella, 
Segovia, Ávila, Santiago,
                y tanto
                y tanto
por no hablar de New York y el del West Village con 
rastros de muchachas estranguladas
   -quiero que me estrangule un negro- dijo
-lo que querés es que te viole- dije (¡oh Sigmund! con
vos se acabaron los hombres del mercado matrimonial que
frecuenté en las mejores playas de Europa)
y como soy tan inteligente que ya no sirvo para nada, 
y como he soñado tanto que ya no soy de este mundo,
aquí estoy, entre las inocentes almas de la sala 18,
persuadiéndome día a día
de que la sala, las almas puras y yo tenemos sentido, 
tenemos destino,
-una señora originaria del más oscuro barrio de un pueblo
que no figura en el mapa dice:
-El doctor me dice que tengo problemas. Yo no sé. Yo 
tengo algo aquí (se toca las tetas) y unas ganas de llorar
que mama mía. 
Nietzsche: "Esta noche tendré una madre o dejaré de ser". 
Strindberg: "El sol, madre, el sol".
P. Eluard: "Hay que pegar a la madre mientras es joven". 
Sí, señora, la madre es un animal carnívoro que ama la 
vegetación lujuriosa. A la hora que la parió abre las 
piernas, ignorante del sentido de su posición destinada
a dar a luz, a tierra, a fuego, a aire, 
pero luego una quiere volver a entrar a esa maldita concha,
después de haber intentado nacerse sola sancando mi cabeza
por mi útero
(y como no puede, busco morir y entrar en la pestilente
guarida de la oculta ocultadora cuya función es ocultar)
hablo de la concha y hablo de la muerte,
todo es concha, yo he lamido conchas en varios países y sólo sentí orgullo por mi virtuosismo -la mahtma gandhi del 
lengüeteo, la Einstein de la mineta, la Reich del 
lengüetazo, la Reik del abrirse camino
entre pelos como de rabinos desaseados -¡oh el goce de la 
roña!
      Ustedes, los mediquitos de la 18 son tiernos y hasta 
besan al leproso, pero
       ¿se casarían con el leproso?
       Un instante de inmersión en lo bajo y en lo oscuro,
       sí de eso son capaces,
       pero luego viene la vocecita que acompaña a los 
jovencitos como
 ustedes:
      -¿Podrías hacer un chiste con todo esto, no?
      Y
       sí,
       aquí en el Pirovano
       hay almas que NO SABEN
       por qué recibieron la visita de las desgracias.
       Pretenden explicaciones lógicas los pobres 
pobrecitos, quieren que
  la sala -verdadera pocilga- esté muy limpia, porque la 
roña les da terror, y el desorden, y la soledad de los días habitados por antiguos fantasmas emigrantes de las 
maravillosas e ilícitas pasiones de la infancia.
       Oh, he besado tantas pijas para encontrarme de 
repente en una sala
  llena de carne de prisión donde las mujeres vienen y van hablando de la mejoría.
  Pero
   ¿qué cosa curar?
  Y ¿por dónde empezar a curar?
  Es verdad que la psicoterapia en su forma exclusivamente 
verbal es casi tan bella como el suicidio.
  Se habla.
  Se amuebla el escenario vacío del silencio.
  O, si hay silencio, éste se vuelve mensaje.
  -¿Por qué está callada? ¿En qué piensa?
  No pienso, al menos no ejecuto lo que llaman pensar. Asisto 
al inagotable fluir del murmullo. A veces -casi siempre- estoy humeda. Soy una perra, a pesar de Hegel. Quisiera un tipo 
con una pija así y cogerme a mí y dármela hasta que acabe 
viendo curanderos (que sin duda
me la chuparán) a fin de que me exorcisen y me procuren una 
buena frigidez.
   Húmeda.
   Concha de corazón de criatura humana,
   corazón que es un pequeño bebé inconsolable,
   "como un niño de pecho he acallado mi alma" (Salmo)
   Ignoro qué hago en la sala 18 salvo honrarla con mi 
presencia prestigiosa (si me quisiera un poquito me ayudarían 
a anularla)
   oh no es que quiera coquetear con la muerte
   yo quiero solamente poner fin a esta agonía que se vuelve ridícula a
fuerza de prolongarse,
  (Ridículamente te han adornado para este mundo -dice una 
voz apiadada de mí)
  Y
  Que te encuentres con vos misma -dijo.
  Y yo dije:
  Para reunirme con el migo de conmigo y ser una sola y 
misma entidad con él tengo que matar al migo para que así 
se muera el con y, de
de este modo, anulados los contrarios, la dialéctica 
supliciante finaliza en la fusión de los contrarios.
  El suicidio determina
  un cuchillo sin hoja
  al que le falta el mango.
  Entonces:
  adiós sujeto y objeto,
  todo se unifica como en otros tiempos, en el jardín de 
los cuentos
para niños lleno de arroyuelos de frescas aguas prenatales,
  ese jardín es el centro del mundo, es el lugar de la 
cita, es el espacio
vuelto tiempo y el tiempo vuelto lugar, es el alto momento 
de la fusión
y del encuentro,
   fuera del espacio profano en donde el Bien es sinónimo 
de evolución de sociedades de consumo,
   y lejos de los enmierdantes simulacros de medir el tiempo mediante relojes, calendarios y demás objetos hostiles,
   lejos de las ciudades en las que se compran y se vende 
(oh, en ese jardín para la niña que fui, la pálida alucinada 
de los suburbios malsanos
por los que erraba del brazo de las sombras: niña, mi querida niña que
no has tenido madre (ni padre, es obvio)
   De modo que arrastré mi culo hasta la sala 18,
   en la que finjo creer que mi enfermedad de lejanía, de separación
de absoluta NO-ALIANZA con Ellos
   -Ellos son todos y yo soy yo-
   finjo, pues, que logro mejorar, finjo creer a estos 
muchachos de buena voluntad (¡oh, los buenos sentimientos!) 
me podrán ayudar,
   pero a veces -a menudo- los recontraputeo desde mis 
sombras interiores que estos mediquillitos jamás sabrán 
conocer (la profundidad, cuanto más profunda, más indecible) 
y los puteo por que evoco a mi
amado viejo, el Dr. Pichon R., tan hijo de puta como nunca 
lo será ninguno de los mediquitos (tan buenos, hélas!) 
de esta sala,
   pero mi viejo se me muere y éstos hablan y, lo peor, 
éstos tienen
cuerpos nuevos, sanos (maldita palabra) en tanto mi viejo 
agoniza en la
miseria por no haber sabido ser un mierda práctico, por 
haber afrontado el terrible misterio que es la destrucción 
de un alma, por haber
hurgado en lo oculto como un pirata -no poco funesto pues 
las monedas de oro del inconsciente llevaban carne de 
ahorcado, y en un recinto lleno de espejos rotos y sal 
volcada-
   viejo remaldito, especie de aborto pestífero de fantasmas sifilíticos,
cómo te adoro en tu tortuosidad solamente parecida a la mía,
   y cabe decir que siempre desconfié de tu genio (no sos 
genial; sos
un saqueador y un plagiario) y a la vez te confié,
   oh, es a vos que mi tesoro fue confiado,
   te quiero tanto que mataría a todos estos médicos 
adolescentes para
darte a beber de su sangre y que vos vivas un minuto, un 
siglo más,
   (vos, yo, a quienes la vida no nos merece)
   Sala 18
   cuando pienso en laborterapia me arrancaría los ojos 
en una casa en
ruinas y me los comería pensando en mis años de escritura continua,
   15 ó 20 horas escribiendo sin cesar, aguzada por el 
demonio de las
analogías, tratando de configurar mi atroz materia verbal errante,
   porque -oh viejo hermoso Sigmund Freud- la ciencia psicoanalítica se olvidó la llave en algún lado:
   abrir se abre
   pero ¿cómo cerrar la herida?
   El alma sufre sin tregua, sin piedad, y los malos médicos 
no restañan  la herida que supura.
   El hombre está herido por una desgarradura que tal vez, 
o seguramente, le ha causado la vida que nos dan.
   "Cambiar la vida" (Marx)
   "Cambiar el hombre" (Rimbaud)
   Freud:
   "La pequeña A. está embellecida por la desobediencia", (Cartas...)
   Freud: poeta trágico. Demasiado enamorado de la poesía clásica.
Sin duda, muchas claves las extrajo de "los filósofos de 
la naturaleza", de "los románticos alemanes" y, sobre todo, 
de mi amadísimo Lichtenberg, el genial físico y matemático 
que escribía en su Diario cosas
como:
   "Él le había puesto nombre a sus dos pantuflas"
   Algo solo estaba, ¿no?
   (Oh, Lichtenberg, pequeño jorobado, yo te hubiera amado!)
   Y a Kierkegaard
   Y a Dostoyevski
   Y sobre todo a Kafka
   a quien le pasó lo que a mí, si bien él era púdico y casto
   -"¿Qué hice del don del sexo?" -y yo soy una pajera como no existe otra;
   pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
   se separó   fue demasiado lejos en la soledad
   y supo -tuvo que saber-
   que de allí no se vuelve
   se alejo -me alejé-
  no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es 
infernal)
  sino porque una es extranjera
  una es de otra parte,
  ellos se casan,
  procrean,
  veranean,
  tienen horarios,
  no se asustan por la tenebrosa
  ambigüedad del lenguaje
  (no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
  El lenguaje
  -yo no puedo más,
  alma mía, pequeña inexistente,
  decidíte;
  te la picás o te quedás,
  pero no me toques así,
  con pavura, con confusión,
  o te vas o te la picás,
  yo, por mi parte, no puedo más.




Hospital Pirovano, 1971. 

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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