06 junio 2012

26 de noviembre, lunes.


"Un apuro de hojas -dije- como que giran eléctricamente. Un apuro de las hojas por caer. Lo vi en el parque. Mis ojos no las siguieron. Cegaron a mis ojos las hojas. Su vértigo. Su girar. Una urgencia, un SOS a la nada, cayendo antes de que comenzara la caída, como quien muere antes de nacer. Por eso me quejo. Mi mirada no es tonta, mi mirada piensa en árboles y en el viento. Pero no supo jugar esta carrera. Me quedé atrás muy pequeña y muy pobre. Pienso que cuando llegué aún eran verdes y aleteaban. Sinfín de renacimientos: no supe, no pude, no caí en la cuenta de esa caída. Y todo es lo mismo: cae sin que yo tenga tiempo de nada. Me dieron un reloj para que me las arregle como pueda. A algunos les dieron más". 



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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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