21 abril 2012

La Duras otra vez y como siempre, hasta el fin.


Estar juntos es el amor,
la muerte, la palabra, dormir. 

Tú ya no puedes pronunciar el nombre que llevo
y que me han dado los padres.
Amantes desconocidos.
Dejemos hacer si quieres. 
Todavía quedan unos pocos días de espera.
Me preguntas espera de qué, respondo: 
no sé.
Esperar.
En el devenir del viento.
Quizá te escriba otra vez mañana.

Ya no tengo ninguna noción sobre lo que
creía saber 
o esperar volver a ver.

Estoy en contacto conmigo misma
en una libertad 
que coincide conmigo.

Nunca tuve modelo.
Yo desobedecía obedeciendo.
Cuando escribo, estoy en la misma locura
que cuando vivo.
Reúno masas de piedra cuando escribo. 
Las piedras de la Presa.

He escrito durante toda una vida.
Como una imbécil, he hecho eso.
Tampoco está mal ser así.
Nunca he sido pretenciosa.
Escribir durante toda la vida,
enseña a escribir.
No salva de nada.

Todo ha sido escrito por ti, 
por ese cuerpo que tienes.
Voy a detener este texto allí
para tomar otro tuyo,
hecho por ti, 
hecho en tu lugar.

Ven conmigo a la cama grande
y esperaremos.

Estoy helada por la locura.

A lo largo del mar. 
A lo largo de ti.

Mi mano, escribe.

El vacío, el vacío delante de mí.

El cuarto antiguo en el que nos
amamos.

Ya no sé ser.
Lo que no ha terminado,
es el argumento 
de tu persona.


Marguerite Duras

1 comentario:

Nina Avellaneda dijo...

Florencia,
adoro este poema, no se en que libro de las Duras aparecera, o si es una adaptacion tuya de un texto en prosa, pero de todas forma me sacude..

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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