16 noviembre 2011

Opiniones sobre poesía



Yo no procuro darle carácter poético a nada. "La poesía está en las cosas, escribió Tzara, o es simplemente un espejismo del espíritu". A su vez, estas cosas están en el hombre, y la poesía está en la poesía. Hago poesía de lo que me sobreviene en el orden de la relación que sostengo en cuanto poeta conmigo mismo y con las cosas. No hay "tema" prohibitivo, o bien el motivo mismo cede por completo a la presión de aquello que no tiene forma pero que se adhiere al lenguaje exigiéndole el derecho de existir en él. De la desrealización de unos adultos inciertos, en quienes encarna fantasmas de la niñez, como en un tiempo de nadie, pasando por la elegía a Gabriela Mistral, hasta el poema de batalla, de cuya eficacia dudo, escrito bajo una presión que se ha interiorizado de los "acontecimientos políticos". No hay itinerario fijo. Más bien el deseo de estar en todo o el verse forzado a descender, aquí o allá en estaciones enteramente desconocidas.

Concibo la actividad creadora como el prurito de mantenerse vivo por partida doble. En el arte y en la poesía, la creatividad se mantiene al nivel del instinto, aguda, fervorizada, eruptiva; acaso, como una abeja reina provee del elemento fecundante a los departamentos estancos en que se procede a las pacientes incubaciones. Pues está claro que la relación del lector de poesía con la literatura poética es sólo una y de las más limitadas que sostiene el hombre con la poesía. Todo individuo genuinamente vivo es un poeta: padece de ese exceso vital que lo hace saltar por encima de sí mismo y desentenderse de la medianía.

Si se tratara de asumir una misión, yo diría que la poesía actual debiera enfrentar el mundo con un rostro lo suficientemente despejado como para que se reflejaran en él los monstruos que engendra el sueño de la razón, los maniquíes que engendra la duermevela de la inteligencia práctica, futurizando todos los vicios del mundo moderno en imágenes de presumibles catástrofes.

La literatura es el reflejo artístico de la realidad objetiva, afirma Lukács. Demasiado drástico para la poesía, que tiende naturalmente a desrealizar lo objetivo y a objetivar lo subjetivo, centrándose en un tercer campo, de transición entre lo real y lo fantástico. Aspiración a una síntesis entre ambos términos. Falta una palabra para bautizar el híbrido de la cigarra y de la hormiga, que se identifica con "el vuelo de la imaginación científica", capaz de todas las realidades, permaneciendo, no obstante, en tierra ya sea por impotencia, ya sea para inquietar con su canto a los hormigueantes trabajadores tecnológicos que pueden hacer explotar científicamente el hormiguero con su frenética actividad deshumanizada. 


Enrique Lihn
*Revista Orfeo, Stgo., núms. 33-38, 1968.

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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