10 abril 2011

El procedimiento de Malú Urriola


Mi rito es cambiar constantemente de rito. Escribo como un boxeador peso mosca pelearía su último round con el fracaso, como un sastre construye un traje, como una puta haría el amor. La poesía es para mí, un oficio más entre miles. Tal vez sublime en un punto narciso, de este gesto infantil de estar todo el tiempo descubriendo y descifrando el misterio, belleza y miseria de la vida.
Siempre he pensado que escribir es un ejercicio innecesario. Sin embargo, el placer barthiano puede más, la pulsión de la littera puede más que mi titubeante cabeza.
Escribo en todas partes, situaciones y lugares, con luz y sin, aunque rara vez saco una libreta. Así es que me he entrenado en el ejercicio de la memoria, que es un ejercicio frágil y que porta además otros ejercicios como la renuncia y el desprendimiento…¿no? He renunciado y olvidado más versos de los que he llegado a escribir, afortunadamente para mi y el resto.
Porque finalmente el asunto de la poiesis es el mismo que el del perro que trata de morderse la cola. Un juego con la poesía misma.
Sí y no. O no y sí. Trato de crear mundos, de construir escenarios. Y para ello requiero ponerme a leer, e investigar de cabeza. Antes de pensar en agarrar un lápiz.
Me seducen los mundos, los cuerpos de libros que porten una cierta tensión, las apuestas y los riesgos estéticos, políticos y de vida. Para vivir y escribir poesía hay que tener huesos que no teman hacerse polvo.
Lo importante es el camino que me hace recorrer el libro que esté escribiendo. Las puertas que abre. Las que cierra. Los mundos en los que me sumerjo. Escribir es una de las más hermosas aventuras que he elegido vivir. Mi madre cuando era niña, me decía que tenía que hacer de mi vida lo que me apasionara. Y escribir y experimentar el juego de la vida son mi pasión.
Como en todo en mi vida, tengo tiempos de pasión y entrega ciega. Otros de ciega lucidez y retiro. Cada libro me ha llevado 3 o 4 años. Y soy una convencida que en cualquier cosa que una trabaje, existe un 20% de inspiración y un 90 de transpiración. (Suelo hacer sumas inexactas, porque la rigidez de la exactitud me aburre)
La imaginería usa como vehículo a las palabras que a su vez portan el silencio necesario para que una cierta musicalidad aflore. La mismidad de la pregunta aún carece en mí de respuesta y sería el fin del recorrido si la hallara. Mi trabajo está puesto precisamente en tantear, sondear, bucear en la percontari del asunto de la poiesis.

Malú Urriola


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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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