17 marzo 2011

Alejandra, Trabajos críticos.


Ella siempre tenía miedo de estar loca, pero cuando vuelve de París se le amontonan todos los fantasmas y la internación en el Pirovano debió haber sido terrible, tenía muchos rasgos paranoicos; por ahí se quejaba de ruidos que nadie escuchaba. Además era una persona a la cual le costaba manejarse en este mundo, era incapaz de cocinarse fideos, los gestos más cotidianos le resultaban imposibles, eso puede ser divertido a los 17 años, pero no a los 30; pensá que la madre tenía que viajar a lavarle los platos o a cocinarle un huevo frito. Pero además, hoy nadie lo dice, por aquellos años vos ibas a cualquier farmacia y te vendían anfetaminas como si fueran aspirinas; ella empezó a tomar para adelgazar y después se volvió adicta. Lo impactante es que peleó hasta el final, salía del hospital y se ponía a escribir, nunca se rindió, fue muy valiente, tal como dice una de sus frases más conocidas: ‘Ayúdame a no pedir ayuda’”, explica Bordelois, citando una idea que Pizarnik reitera y profundiza en el poema “La mesa verde”: “Nada más peligroso, / cuando se necesita ayuda, / que recibir ayuda”.

EL IMPACTO FÍSICO DE ALEJANDRA, ACÁ.


Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano

1 comentario:

drfloyd dijo...

grande ella

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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