02 diciembre 2010

Dijiste tanto romperme


Dijiste tanto romperme pero primero fue decirme Costó reconocerme Darme al espacio público como objeto de muerte Dijiste y a mí no era entonces a quien maldijiste Cómo olvidarme de ese martillo enterrado en la pared de la casa De esa loza quebrada en el tacho Miles de minutos encerrados en el closet y mirando Yo no sabía hasta dónde llegaba la asfixia Yo no sabía por mucho que mirase el grosor de esa mano apretada como soporte bélico Dijiste encontrarme Dijiste llamar tantas veces Dijiste que no serviría como tal Lo deslizaste como una lengua oscura bajo la mandíbula rota Paralizaste lo poco que quedaba de asombro Dijiste no saber nada acerca ni con descaro Oscilaste entre tu casa y la casa como abeja Deseé que te fueras y me abrí como lo hace el que no vuelve Te cortaste el pelo para ir a buscarme Te vestiste de rojo para ir a buscarme Te escabulliste conmigo para alejarme de mí Saliste temprano y me llevaste Vámonos de ti lo antes posible -dijiste- Nos dijimos comprar un vino mientras Mentimos mal el vuelto de un precio elevado Me senté en cada una de las sillas bajo tu cama Me subiste a tu cama Apagaste la luz de tu cama Hiciste un té de hoja Cerraste la puerta Omitiste el teléfono Miraste el reloj Cerraste los cajones Abriste dos libros Sacudiste las sábanas Olvidaste romperme tanto desde ése momento Consignado como el momento en que todo comenzó a venirse abajo Olvidaste decir romperme gritarme patear muriendo lo que no se puede No nos conviene partirnos en dos cuando caemos Ni derribarnos encima de la escena que queda como vitrina ante los ojos de los demás Acrecentaste el ansia que traía el insomne verano Dejaste que me fuera rompiendo tan de a poco Como si me fuera a acabar Como si fuera tan pequeña y deforme que no importaba terminarme Como no se rompe ni se dice cuando se esconde Cuando se esconde Cuando se engaña Se rompe de golpe Violento se dice y se desliza en cualquier parte Pero había una cautela extraña en todo esto Como signo de lectura hacia este angosto y paralizado desconocimiento Desilusión ilusa Alternativa de dicción durante el habla Palabras estrellándose contra mí como escombros Y sin abrir la boca como la que no vuelve Yo nunca Nunca yo era para decir Mi lenguaje agobiado como ancestro yacía en desorden e imprecisión Sentía cómo mi malogrado cuerpo se arrastraba por el decir romperme tuyo cuando sobrevenía el peligro Me abría las costillas una por una El sonido de tu voz me ardía al contestar Fue como si todo ese decir romper se asentara en la parte baja de mi tórax Y cayera sobre estas latas cosidas un óxido carcomido que fundía lo poco que quedaba vivo Este esqueleto mío decido y morido por ti -No dicho y muerto No dicho ni muerto- no alcanzaba la magnitud del significado No estaba en completa disposición para ser interpretado Antes lo asesinó la ausencia de vocabularios La fiesta de las suposiciones como hormigas bebiéndole la sangre A este esqueleto la mudez siempre le vino como cajón Y desde ese lugar escuchó tu romper y tu decir primero romper Se escuchó alto como la discordia de la noche conmigo Sólo como la invasión silenciosa de un país Yo no debía quedarme Tú decías venir Oscilabas en lo torpe del verbo Cruzabas fuegos y te quemabas a cada segundo Cerrabas los ojos sin querer adivinar ni asegurar eso que ya te imaginabas Escrito como estaba Este cuerpo se prestó para ser dicho Analfabeto se prestó para lo acontecido No sabía otro romper ni tampoco suponía quebrarse como no fuera hasta ahí Hasta que no sangre más Hasta que no sangre 

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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