27 octubre 2010

Reflexión sobre el heterogeneo

I parte



La muerte misma estaba en la fiesta, en ese que la desnudez del burdel llama el cuchillo del carnicero.
George Bataille, Madame Eswarda.

Los dos sexos morirán cada cual por su lado.
Marcel Proust, Sodoma y Gomorra.




1.- Como la masa del encéfalo misma, surcado de grietas, de circunvalaciones complicadas, de pliegues, el cerebro es una pequeña caja de música. A cada cuarto de hora una bailarina de porcelana hace una ronda patética siguiendo la antigua melodía de una música vagamente conocida pero identificable. 
¿Por qué llamar caja de música al cerebro, masa informe, feto prisionero a perpetuidad de la celda ósea de los parietales, occipitales y del hueso frontal?
Caja de música y cajita de Pandora, donde residen en vigilia perpetua, la muerte, el trabajo y la enfermedad.
Pero el cerebro es también una caja fuerte, un depósito que conserva el capital de lo aprendido, y también es el lugar donde todo lo aprendido deviene informe, disfrazándose en el simulacro, el teatro, la locura.
La muerte que es el obrero universal, la fuga, la trasgresión, conoce la clave de esta cámara de seguridad.
El mapa desconocido de los hemisferios es una escritura, un sánscrito indecible.
El cerebro, como el cuerpo entero, se funda en su imposibilidad de ser puesto en lengua. El cuerpo como materia es un viviente que se inscribe en una fuga, en una carencia, en el trazo que queda después de su pasado; el cuerpo y la materia escribe el jeroglífico de un no estar, de un perderse.
La escritura como signo, como señalización, es una incineración que se despliega como una hemorragia ciega; suplantando el presente erguido de la lengua, de la palabra hablada; quien, como el rayo de Zeus petrifica, fabrica los túmulos necesarios para que la memoria amnésica recapitule y se recuerde.
(...)
Es a partir del logos que las cosas nos son dadas a ser pensadas, y esta situación es reglamentada por un artificio de la palabra, el Dios de Dioses mismo. La escritura, por el contrario, es un don huérfano al que Thot, dios menor, proteje; lo que es válido también para los demás dones que él ofrece a la aprobación del Dios principal. Es claro que la escritura no posee la especificidad fulminante del discurso hablado, en el cual la idea se devela y ella misma se da forma en la cosa enunciada. La escritura como signo, tiene en vez de orígenes claros a enarbolar, el vacío; aparece, se diseña y se pierde en el sin destino que la marca en su ejecución. 
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2.- "La dialéctica amnésica, como repetición del eidos, no puede distinguirse del saber y del gobierno sobre sí mismo". (J. Derrida. La dissemination).

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 Enseñar a hablar es enseñar a pensar; es transmitir los criterios de diferenciación y definición. El lenguaje es la iniciación fundamental a través de la cual, el niño, el mudo, el políglota deben ser enseñados, iniciados en el código civil de la palabra. 
Lo errático de la escritura es menos susceptible de vigilancia, tal vez porque ella desborda por todas partes. La escritura es una suerte de broderie inacabado: el tejido de Penélope, aquella que no cree en Ulises. Ulises es sólo un pretexto para que el público se calle y la deje tejer y destejer una tela de reflexión, de repliegue sobre sí misma, que aumenta y disminuye siguiendo la temperatura ambiente; siguiendo el deseo.
Penélope teje su sudario; escribe su muerte existiendo y su escritura no se apoya en nada; no es más que un cuerpo que se repite perdiéndose. La escritura deambula, así como la palabra del loco o el balbuceo del lactante; extranjera, su pertenencia radica en otros sitios. Es quizás por esta razón que la filosofía opone una tal resistencia a cohabitar con ella, si no es para enseñarle los buenos modales, las relaciones rigurosas, la escalada para alcanzar algún objetivo preciso. 
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Francesca Lombardo
fragmento
MARGEN
Revista de Filosofía y Letras
1980

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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