23 septiembre 2010

Poema por entrega, en GRIFO.

Por Damaris Calderón, Alexia Caratazos, Marcela Saldaño y Florencia 
Smiths. 
 



















I
Cuando tú eras hermosa
cuando tu pecho lo cruzaban furiosos vientos
mi madre me paría en una sala sórdida
de una clínica desconocida
boqueaba como un pez
sobre su vientre el peso de una caballería.
Dos mujeres inexorables
podaban el poco sol de la pieza
le recordaban su proximidad con los dos abismos.
Mi madre era un seto cerrado
que tuvo alguna vez su pequeña fuente
una empalizada
que asolaron los perros y los años.
De su madera gastada me alzo al mundo
de su madera podrida rehago las cuerdas de mi casa
y no la alcanzo.
Como la sombra que un jinete persigue en la llanura.

II
Bajo esas manos que el horror cuartea
que el fuego hace más íntimas
se alojó mi cabeza
fruta que esperan picotear los pájaros
esos pequeños animales dóciles
que no podíamos mirar sin repugnancia
moverse entre los platos
cuando apartaba para nosotros, para sí,
la vida.
Salí de entre sus piernas
como de un bombardeo.
He sido el héroe y el traidor.
Damaris Calderón


No he sido más que un mismo dolor
en dos cuerpos uno afín, de la herradura marcando
los pasos
con fuego, caliente, quemando
marcada de por vida
dos mujeres nacidas a la fuerza, expulsadas con
rabia
como si no quedara más imagen que un techo cayendo
a pedazos
para luego desaparecer en un mar inmenso
como inmenso es lo amargo de haber nacido amarga
rocío agresivo o amante
todo sucede en las piernas: las marcas, los pasos,
la pena.
Quise ser héroe o fruta madura
terminé siendo traición
agua salada que viene a carcomerlo todo
y dejar costras
manos retorciéndose unas a otras
intentando recobrar el dolor primero
ese que es dulce, que no raja el velo
y nos permite seguir intuyendo
lo que pasa allá al fondo.

Alexia Caratazos

Si ella me falta la noche se convierte en una gran
sutura
Y mi profundidad sería roja más roja que la vehemencia
Ella se multiplicaría y mis hijos serían sólo fracciones
Si ella y yo naciéramos la una en la otra como un
espejo parásito
Asesina la vida que empieza cuando otra se apaga
En medio de lo podrido que puede ser un oscuro despecho
En el fondo de las palabras Los hombres cultivan piedras
Si ella me falta sería un mar cuyo olor se vuelve pretérito
Una perfecta forma Execrables los otros Nosotras mantenemos
la herida De mal gusto es mantener la sutura abierta
y contaminada
Hundir la cabeza en platos con leche A ver si volvemos al ceño
y esta angustia es un pozo donde residen parvularias
calcinadas
Llamadas telefónicas del horror Mujeres descuartizadas
en Juárez
El último llamado a las ratas para morder El último
llamado a la escuela
Dulzura en Brasil Quiero retomar la noche y volverme espejo
Tránsito Tragedia Traje Peregrinaje en medio de la
garganta
Si ella me falta todo en mí se convierte en una gran sutura.

Marcela Saldaño

Hay las piernas abiertas y luego todo se hunde
La costura de los párpados es la que más somete al miedo
En los labios uniformes la humedad se hace pantano
Si es ella la que falta yo carezco de todo lo que tengo
Recuerdo haber escuchado que pusiste música en mi oído
que era entonces una parte de tu cuerpo que me faltaba
Recuerdo haberme convulsionado aún más cuando la muerte
azotó mi casa y no sólo el gesto del mundo se vino abajo
sino todos los posibles centros
Por un segundo las voces también se sometieron a la
censura que aplica la tragedia a última hora
Entonces nos miramos rotas y supimos eso que está prohibido
decirse cuando se termina
Ya no hay forma de sostener el suelo
La mitad del mundo en las bocas y los ojos que ahogaban
el ardor
Nosotras la otra mitad escribiéndonos las señas del horror
que cosía inhumano el grito
Nos guardamos el secreto de agredirnos
No supimos cuándo ni de qué forma se nos secaron por dentro
las cicatrices del filo
Nos rasparon sin derecho al pudor eso que nos unía
Nos mutilaron la posibilidad de conocernos sin habernos
parido
Ya no sé si soy yo la que nací primero o es ella la que
fue ahora tarde
Porque en esta hora eterna siempre es tarde
Ya no cumplo edades y adonde quiera que miro se pudre la
visión del momento
Cuando tengo tiempo me hago la cicatriz de nuevo mientras
todo lo que quedó vacío vuelve a hincharse
Florencia Smiths


Publicado en GRIFO ON LINE, Revista chilena de literatura, 2010.

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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