20 septiembre 2010

Isadora


Aunque mis danzas eran conocidas y apreciadas por mucha gente de nota, mi situación financiera continuaba siendo precaria, y carecíamos frecuentemente del dinero necesario para pagar nuestro alquiler. Como, además, no teníamos para carbón, sufríamos en invierno un frío espantoso. Y, sin embargo, recuerdo que, en medio de nuestra pobreza y de nuestras privaciones, permanecía en pie horas y horas, completamente sola en aquel taller helado e inhospitalario, esperando que viniera a mí el momento de la inspiración que me ayudara a expresarme con movimientos. Por fin, sentía que brotaba de mi alma el soplo, y seguía su inspiración.
Un día en que me hallaba así esperando, llamó a la puerta un caballero florido, con un rico cuello de piel en su gabán y un diamante en la sortija.
-Vengo de Berlin -me dijo-. Hemos oído hablar de sus danzas con los pies desnudos. (Como pueden ustedes suponer, esta descripción de mi arte me causó una espantosa sorpresa.) Me envía el "music-hall" más importante para que firme ahora mismo un contrato con usted.
Se frotaba las manos y tenía un aire de pavo satisfecho, como si me trajera una maravillosa fortuna. Pero yo volví a mi concha, como un caracol, y le respondí con orgullo:
-¡Oh! Muchas gracias. Nunca accederé a exhibir mi arte en un "music-hall".
-Pero usted no comprende -me replicó-; en nuestro "hall" aparecen las más grandes artistas, y ofrecemos mucho dinero. Desde ahora le ofrezco quinientos marcos por noche. Luego le daremos más. Será usted magníficamente presentada como "la primera bailarina de los pies desnudos del mundo". Será un gran éxito. ("Die erste Barfuss Tänzerin. Kolossal. Das wil so ein Erfolge".) Por consiguiente, acepta usted, ¿no?
-No, señor; no, señor -repetí, algo colérica-. Por ninguna condición.
-Pero es imposible. "Unmöglich". "Unmöglich". No puedo admitir ese no como una respuesta. Tengo ya preparado el contrato.
-No -le dije-; mi arte no es un arte de "music-hall". Algún día iré a Berlin, y espero danzar con su Orquesta Filarmónica, pero en el Templo de la Música, no en un "music-hall", con acróbatas y animales sabios. ¡Qué horror, Dios mío! No; no hay condiciones posibles. Vaya usted con Dios, y muy buenos días.
Este empresario alemán, al contemplar nuestros vestidos usados y toda la pobreza circundante, apenas si podía creer a sus oídos. Cuando, después de una visita, y otra y otra llegó a ofrecerme mil marcos por noche durante un mes, y rechacé de nuevo, montó en cólera y me trató de "Dummes Mädel" (chica boba), hasta que por último le grité que yo había venido a traer a Europa un renacimiento de la religión por medio de la danza, para elevar al público al conocimiento de la Belleza y de la Santidad del cuerpo humano mediante la expresión de sus movimientos. Y que no había venido de ningún modo a bailar para distraer a los burgueses engreídos tras de una buena cena.
-Haga el favor de marcharse. "Allez vouz en"!
-¿Rechaza usted mil marcos por noche? -murmuró.
-Naturalmente -le repliqué con energía-, y rechazaría diez mil y cien mil. Lo que yo busco es una cosa que usted no puede comprender.
Y, mientras se iba, añadí:
-Algún día iré a Berlin, y bailaré para los campesinos de Goethe y de Wagner; pero en un teatro que sea digno de ellos, y probablemente por más de mil marcos.
Mi profecía se cumplió, y este mismo empresario tuvo la gentileza de traerme flores a mi cuarto, tres años más tarde, en la Ópera, donde tocó para mí la Orquesta Filarmónica de Berlín, con unos ingresos de más de veinte mil marcos. Entonces me confesó su error con un amistoso: "Sie hatten Recht, Gnädiges Fraulein, Küss die Hand". (Usted tenía razón, señorita. Beso su mano.)



El manuscrito de este libro lo terminó Isadora Duncan a mediados de 1927, algunos meses antes del accidente de automóvil que le costó la vida. Los detalles de su fin trágico, ocurrido en Niza el 14 de septiembre de 1927, fueron relatados de la siguiente forma por la prensa:
"Niza, 14.- Ha sido víctima de un trágico accidente de automóvil Isadora Duncan. La famosa bailarina norteamericana paseaba en automóvil, y hallándose en el Paseo de los Ingleses, el cabo de un "echarpe" que llevaba al cuello se enganchó en una de las ruedas del coche y el tirón la hizo caer hacia atrás estrangulada. Al ser recogida por los transeúntes que acudieron en su auxilio, se vio que tenía rota la columna vertebral. La muerte debió ser instantánea."

"El sol", 15 de septiembre de 1927.



Isadora Duncan
Mi vida
1938

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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