24 julio 2010

La ciudad No


Pregunta qué es

qué ha sido

de esta ciudad

pregunta qué y te diré No

no hay nada que decir por qué

pregunta de antemano por ellos

los castigados de esta tierra alacrana

los estancados en la noche más profunda y profusa

del cielo

los confiscados a determinar el sonambulismo de

los demás

pregunta

qué ha sido de eso

de lo que caminamos y marcamos un día

dos tres diez años

como un territorio nuestro

el cuerpo que a(r)mábamos e íbamos cruzando

y que era la calle

en esta ciudad mancha muda mortal

el tachado que íbamos pisando mientras

cruzábamos por esa vereda fuerte

y que

nos decíamos

no era de aquí ni de nadie

no tenía derecho a estar delimitada

a ser puente ni a serpiente ni animal de ésos

que estaban

que eran allí

en el cuerpo

qué fue de ese cuerpo

en llamas

qué fue de ese delito

de constituirnos en una ciudad

de la ribera

de la mancha negra

de la mancha mojada

de la rebanación

que no sale

que no sangra

que no suena

mas

qué fue

di

qué fuimos

en esa caminata idónea

en ese andar a tientas por el laberinto del suelo

del campo

de esta ciudad no ciudad

vigilada por los otros

ocupada por los otros

que no somos

y seguimos caminando

enfilamos aún y hasta siempre

sin hacer los pies a un lado

estuvimos y seguiremos estando allí

aunque nunca hayamos ido

andando y marcando la ciudad como la línea

de una mano de un mundo sin mapa

de un dibujo del plan hecho con tiza y sin pulso

que borró el paso que dimos

que pisamos por ahí sin mirar

y lo dijimos

tal vez aquí se descubrió

pero cuál será

dijimos

el lugar desde donde no se fundó

esta ciudad mi ciudad no se fundó

y la han calcado ya cientos

de veces

y la han derribado otras

y la han construido y vuelto a mirar

hacia atrás

y la han quemado y vendido y repartido por

doquier

y la han nombrado

y la han delatado

y la han abierto porque

estaba cerrada

porque era una ciudad compacta

como el cuerpo tenso y denso

de nuestros muertos

Di

qué ha sido

de nuestra costa mentida

de nuestra costra mentida

de nuestra complicidad para con los vigilantes

pregunta mientras la calle se abre

y las grietas se abren

y los pasos se abren para tragarnos tras

figuraciones inútiles de equis ciudad

quién dijo las fronteras y los postes

quién adhirió al barro la planta de su nombre

quién contaminó al material noble

cuando a la geografía apenas la delineaba el fango

di

tal vez lo sepas decir

o yo te enseño

escríbelo deletreando el desparpajo

de esta zona en perpetuo derrumbe

de esta catástrofe ciudad llamada ciega sordina

errante

vagabunda la herida que cruza la

vereda y se estampa

y luego se pisa y no se complace

hasta que ese otro venga y le diga

ciudad No

tú eres mi No

tú fuiste mi No

tú fuiste mi yo

yo puedo decir que hay gente

yo puedo decir que hay trozos de gente

yo puedo decir dónde

los veinte

los cien

los mil

quinientos

y sus partes

pisando

estamos






Poema publicado en:

De la extrema irregularidad

florencia smiths & marcelo mellado

Editorial Economías de Guerra

2009

1 comentario:

Sarco Lange dijo...

Leí el poema y sentí el derretir de una vela en el más foraneo de los apagones, los perros ladraban desde el cielo y una escopeta fue mi sangre; fue mi débil ironía.
Y procedí escarnio nuevamente en tu verso.
Saludos
Sarco.

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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