14 mayo 2010

El té


A cualquier hora se sabe cuándo es la instancia del té Nos sentamos a mirarnos como si estuviésemos menos muertos menos enfermos y sobresalientes de otros Generalmente es la hora en que se esconde el dibujo de afuera Cuando la casa se ha cerrado para dar paso a la distorsión de objetos distintos A la suma contradicción de la cotidianidad Cuando es la hora que digo todas las fotografías que colgamos de la pared están divididas y ya no son pero incluso a veces las miramos de reojo para sentirnos menos solos aunque se presenten vacías De soslayo no se puede convivir no se puede comer no se puede beber no se puede estar despiertos mientras contemplamos el paso de lo absurdo de lo intangible de mirarnos La vida despierta acontece cuando menos lo sabemos cuando somos nadie cuando pareciera que recién nos conocemos cuando tomamos té mientras alrededor de nosotros se caen los discursos y los pasados sórdidos que nos atentan Nos involucramos en las tazas en la loza en el material en la mesa en los elementos que nos disponemos a utilizar Porque es a través de esos elementos que nos vamos a contar lo que fue y lo que vino y en donde estamos reunidos para conformarnos así Hemos creado la manera incontrolable de entregarnos eso a la hora del té Nuestro espacio arrinconado es tan sólo nuestro porque así lo decidimos y acordamos protección Seríamos un círculo de fuego en donde no sólo a la hora señalada nos sentaríamos a mirar la forma que hemos ido tomando desde que vencimos y vinimos y dijimos sí Y en donde ni un alguien fuese capaz de entrar y quebrar para entorpecer Tenemos botellas a la hora del té Tenemos confites a la hora del té Tenemos comidas y ensaladas y máquinas y alicates y cuadros y libros y ollas y cuadernos y fotos Tenemos el círculo prendido porque somos esos objetos porque quisimos que esos objetos nos enmarcaran para grabarnos y situarnos así Nuestra casa es la casa de un trabajo de amor nuestra casa es una casa consignada por nuestra elección





1 comentario:

Camila Inblack dijo...

Me gusta ese instante, ese espacio de tiempos de partes. De madera de casa de objetos domésticos. De las fotos que nos rodean mostrándonos la historia de algún tiempo que ya fué.
De los recuerdos y preguntas que nos trae el aire sin palabras.
Ese instante cuando los objetos nos hacen parte de su inercia y quedamos plasmados en la fotografía en blanco y negro. Y los sonidos se hacen más grandes.
Me gusta ese instante... el del té.

Y nunca lo habia leido tan acogedor
tan tibio como esa tarde (me imagino es un tarde)Tan a escena de casa arinconada olor a sol que está por irse.
Es lindo...harto.

ABRAZOS...

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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