19 abril 2010

La tristeza retiene el odio


Una construcción simbólica adquirida de esa forma, una subjetividad construida sobre una base similar, pueden derrumbarse fácilmente cuando la experiencia de nuevas separaciones o de nuevas pérdidas reaviva el objeto del desmentido primario y atropella la omnipotencia que se había conservado a costa de ese desmentido. El significante del lenguaje, que era un semblante, se lo llevan por delante las emociones como se lleva un dique el oleaje oceánico. Inscripción primaria de la pérdida que perdura más allá del desmentido, el afecto sumerge al sujeto. Mi afecto de tristeza es el último testigo mudo que tengo de que perdí la Cosa arcaica del dominio omnipotente. Esta tristeza es así el último filtro de la agresividad, la retención narcisista del odio que no se declara, no sólo por simple pudor moral o superyoico, sino porque en la tristeza el yo está todavía confundido con el otro -lo lleva en sí-, lo introyecta en su propia proyección omnipotente y la goza. La tristeza es entonces el negativo de la omnipotencia, el indicio primero y primario de que el otro se me escapa aunque el yo no se acepte abandonado.

Este avasallamiento del afecto y de los procesos semióticos primarios enfrenta entonces la armadura, que hemos descrito como extranjera o "secundaria", del lenguaje en el depresivo así como con las construcciones simbólicas (aprendizajes, ideologías, creencias). En él se manifiestan las lentitudes motrices o las aceleraciones que traducen el ritmo de los procesos primarios ordinariamente dominados y, sin duda, el ritmo biofisiológico. El discurso ya no tiene la capacidad de quebrar y menos aún de modificar ese ritmo y, muy al contrario, se deja modificar por el ritmo afectivo hasta el punto de apegarse en el mutismo (por un exceso de lentitud o por un exceso de aceleración que hace imposible la elección de la acción). Cuando el combate entre creación imaginaria (arte, literatura) y la depresión se enfrenta precisamente a ese umbral de lo simbólico y lo biológico, verificamos con facilidad que la narración o el razonamiento están dominados por los procesos primarios. Los ritmos, las aliteraciones, las condensaciones modelan la transmisión de un mensaje y una información. Entonces la poesía y, en general, el estilo que encierra la marca secreta ¿testifican una depresión (provisionalmente) vencida?



Julia Kristeva
Sol negro, depresión y melancolía

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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