03 abril 2010

Diario de duelo


Barthes en brazos de su madre


1977

27 de octubre

En cuanto alguien está muerto, construcción enloquecida del porvenir (cambio de muebles, etc.): futuromanía.

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Todo el mundo conjetura -así lo siento- el grado de intensidad de un duelo. Pero imposible (signos irrisorios, contradictorios) medir hasta qué punto alguien ha sido alcanzado.

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29 de octubre

Al tomar estas notas, me confío a la banalidad que está en mí.

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La medida del duelo.

(Larousse, Memento): dieciocho meses para el duelo de un padre, de una madre.

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31 de octubre

No quiero hablar por temor a hacer literatura -o sin estar seguro de que eso no lo sería- aunque de hecho la literatura se origine en estas verdades.

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A veces, muy brevemente, un momento blanco -como de insensibilidad- que no es momento de olvido. Eso me espanta.

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Acuidad nueva, extraña, para ver (en la calle) la fealdad o la belleza de la gente.

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4 de noviembre

Hacia las 18 horas: el departamento está caliente, mullido, iluminado, limpio. Lo hago así, con energía, devoción (lo gozo con amargura): a partir de ahora y para siempre soy mi propia madre.

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15 de noviembre

Hay un tiempo en que la muerte es un acontecimiento, una a-ventura, y con ese derecho moviliza, interesa, tiende, activa, tetaniza. Y luego un día, ya no es un acontecimiento sino otra duración, amontonada, insignificante, no narrada, gris, sin recurso: duelo verdadero insusceptible de una dialéctica narrativa.

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19 de noviembre

Ver con horror como simplemente posible el momento en que el recuerdo de estas palabras que ella me dijo no me harán llorar más...

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21 de noviembre

Siempre esta distorsión dolorosa (porque enigmática, incomprensible) entre mi facilidad para conversar, para interesarme, para observar, para vivir como antes y los movimientos de la aflicción. Sufrimiento suplementario, por no estar más "desorganizado". Pero quizá esto es entonces un prejuicio del que sufro.

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24 de noviembre

Mi sorpresa -y por así decir mi inquietud (mi malestar) viene de que, a decir verdad ésta no es una carencia (no puedo describir esto como una carencia, mi vida no está desorganizada), sino una herida, algo que duele en el corazón del amor.

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26 de noviembre

Me espanta absolutamente el carácter discontinuo del duelo.

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28 de noviembre

¿A quién podría yo hacer esta pregunta (con esperanza de respuesta)?
¿Por qué vivir sin alguien a quien se amaba significa que se le amaba menos de lo que se creía?

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Frío, noche, invierno. Estoy en donde hace calor y sin embargo solo. Y comprendo que será preciso que me acostumbre a estar naturalmente en esta soledad, a actuar en ella, a trabajar en ella, acompañado, pegado por la "presencia de la ausencia".

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1978

22 de enero

No tengo deseo sino necesidad de soledad.

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1 de abril

De hecho, en el fondo, siempre esto: como si estuviese como muerto.

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18 de mayo

Como el amor, el duelo sella al mundo, a lo mundano, de irrealidad, de inoportunidad. Resisto al mundo, sufro de lo que me pide, de su petición. El mundo acrece mi tristeza, mi aridez, mi trastorno, mi irritacion. El mundo me deprime.

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9 de julio

(Duelo)
No Continuo, sino Inmóvil.

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31 de julio

Habito mi aflicción (mi dolor) y eso me hace feliz.

Me es insoportable todo lo que me impide habitar mi aflicción.

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13 de septiembre

El siniestro
egoísmo (egotismo)
del duelo
de la aflicción

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30 de enero

No se olvida,
pero algo de átono se instala en uno.

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15 de septiembre

Hay mañanas tan tristes...

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Roland Barthes
Siglo xxi editores

2009


Nota: Diario de duelo es un texto que Barthes trabajó luego de la muerte de su madre, enferma. Lo hizo tomando notas y llenando fichas mientras se dedicaba a otras obras durante ese mismo período. (Yo quisiera agregar mis propias fichas, yo quisiera agregar mis propias investigaciones).

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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