22 mayo 2009

DEL CRIMEN



1. PENSAMIENTOS DE LA NOCHE

¿Cómo pensar, por donde aproximarse a la sangre abandonando por violencia un cuerpo?
¿Cómo reflexionar la pequeña catástrofe, la floración mala que rompe el ritmo interno y el externo, que provoca la rotura en el cotidiano y hace flamear el telón de lo habitual, hinchándolo por un rasgón en su tela?
Hablo de derrumbes, catástrofes individuales donde la muerte se dejó caer, clavando a uno, dos o más sujetos en una minúscula parcela de estupor congelado. Homicidios, crímenes veloces, relampagueantes o tortuosos; hoyos negros donde la pasión y/o la fatalidad individual señaló íntimas topografías urbanas, ungiendo los sitios, levantando ahí la "animita", túmulos que recuerdan y convocan a los caídos por violencia, a los cortados extemporáneamente; fijando en esas muertes y en su recuerdo, la estásis, la congestión que suspende el tránsito, la vida.
La tercera parca, Atropo, la que corta es quien nos mantiene en el vaivén de sus tijeras.
Las parcas hilan, miden y cortan el hilo de cada vida.
La crónica roja en nuestro mundo es quien reportea el medido y el cortado.
La crónica roja fija las manchas de sangre, censa las periódicas menstruaciones de la ciudad, el arrojo de coágulos, de humores impuros; la evacuación en todos los matices del rojo, con que lo privado y lo público se cruzan.
Crónica de los "hechos diversos", ella representa la avidez sobre el destino de la carne y sus diversas maneras de ser detenida en viaje, -ese saber que estremece y fascina por actores interpósitos.
El morbo es la dolencia que desorganiza un sistema haciéndolo disfuncional. La dolencia de querer saber, fisgonear por la cerradura, estar ahí cuando hubo el silencio o el grito, cuando el corte, el proyectil, el golpe se perpetró, estar ahí y ver cuando la sangre corrió...
Cómo pensar entonces ese ser detenido en viaje cómo pensar un derrame, una coagulación sobre el pavimento o el suelo, de tierra o madera. El levantamiento del cuerpo, las actas que consignan lo cotidiano último, como una mortaja burocrática; qué vestía, dónde fue la herida, por donde desaguó la vida, el item del entorno y de los objetos personales, la marca de una camiseta, la rotura de un calcetín, la ropa que cubría y que a veces conservó la huella que delata, la mancha, el pelo; y la necropsia, último ítem, el balance anatómico y de cómo el vuelo de la muerte se dejó caer en lo orgánico.
Tratar de pensar eso, los rastros visibles y también los otros, la historia anterior, la interioridad de cada ejecutante, significa darle curso a reflexiones que encarnan la noche, la noche por lo suspendido, lo solitario, lo insomne.
El filósofo checo Patocka habla de la existencia de las "fuerzas del día" y de las "fuerzas de la noche". Las fuerzas diurnas dice, consideran la vida y la muerte como un continuum. Las fuerzas de la noche, son aquellas que radican en un hacer frente a la muerte, es decir, en atreverse a hablar de ella; estas fuerzas tienen que ver con la solidaridad en la soledad de los extraviados.
Los pensamientos institucionales, sea cual sea su coloración, minimizan la catástrofe, la grande y la pequeña con más razón aún, -así cuando la afrontan la reducen, siendo lo más corriente que se abstengan de hacerlo.
Los pensamientos del día son bulímicos, ellos no han cesado de tragar eventos y conceptos, sin poder detenerse. Los pensamientos de acomodo y felicidad, cuando son lineales no dicen gran cosa, ya que sólo aquello que interrumpe un movimiento mecánico, que lo corta, lo quiebra, solo eso que rompe la lógica de las cosas, puede ser pensado.
(...)
Todo crimen es pasional, en la medida que el exceso lo transita, que los afectos desmesurados lo atraviesan. Sin embargo la justicia separa, de acuerdo a los móviles y las voluntades de daño.
Para la justicia el amor y la sangre son incompatibles, para la vida en cambio ambos van estrechamente mezclados.
En los crímenes dichos pasionales uno mata, uno se mata, no solamente porque el corazón esté repleto de amores y de hieles imposibles, sino porque la efracción de la carne ajena, estanca en un momento la vida privada, haciendo emerger la fisura que la funda.
El gesto criminal instaura a un sujeto anónimo hasta ahí, en actor trágico, en una excepción, inscribiéndolo junto con la sangre vertida, en la franja de lo "aparte".
(...)
Otro factor favorable, es el parentesco entre crimen pasional y suicidio. Este acto individual que expresa la afirmación del derecho de vida o de muerte sobre sí mismo. El criminal reivindica el derecho de homicidio en eso que siendo él, se va con él; el cuerpo, la vida y la historia del otro, todo eso que sería ya no los bienes, sino el patrimonio último y esto por ser el otro en lo viviente, motivo de tanto bien y de tanto mal.
Crimen y suicidio aparecen así, como las facetas de uno solo y mismo acto. El estado de sufrimiento, de exasperación, de violencia resentido es común al uno y al otro y, de cierta manera, legitima el desborde que resulta.



Francesca Lombardo
*Fragmentos de CRIMEN, en Revista de Crítica Cultural, año 1992.

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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