19 diciembre 2008

Camila Moreno

La conocí cuando fui a Santiago, acompañando a Chinoy a una tocata en La Reina, (Bremen 1311, Santiago, viernes 1 de agosto de 2008); siempre que a una le hablan bien de una amiga, música, persona, una cree de inmediato pero ése día fui y la conocí y me encontré con una mujer muy bella y muy humilde y estaba tan curiosa de escucharla porque el lugar se llenaba y se llenaba de amigos y seguidores y las expectativas eran muy altas, había una energía potente, debo decir. Entonces antes de una buena previa, con cerveza y unos sandwiches vegetarianos y un Tomás atento (y yo emocionada por Caramelitus) y la espera que se hacía larga, todo comenzó. Primero cantó Chinoy y me quedé sorprendida -bueno, en realidad ya no me sorprende tanto... iba a pasar tarde o temprano- porque todo el público se sabía las canciones, las letras, la más mínima melodía. (Tengo no muy bien grabada esa tocata en Bremen, pueden bajarla por soulseek, mi cuenta es florensmiths). Hasta ahí ya estaba atónita porque a pesar de ser un lugar no muy espacioso -era una casa de teatro donde convivían varios actores y músicos, una casa de un viejo millonario que la tenía abandonada y que se la había pasado a este grupo de artistas que trabajaron mucho para recuperarla, en vez de tenerla ocupada por vagos y destructores, según me contaron-, había un ambiente de respeto general increíble. Estábamos todos y todas apretados, a penas sosteniéndonos por el vaivén de la música, pero no era incómodo porque nos sentíamos cuidados, como en la casa de nuestros amigos. Entonces luego sale al escenario breve la Camila, esta mujer hermosa, con un rostro expresivo, con esa aura inexplicable, toma su guitarra y canta, y grita, y eleva la voz y las palabras y gesticula, y hace ruidos, y pareciera quejarse y ahondar en ella y enajenarse y volver e irse... ahí sí que terminé de quedar muda. No pude creer la fuerza que vi y que me arrolló, las sensaciones que todas juntas alguna vez sentí y que ella me trajo a la memoria como un huracán, como una metralleta, con una violencia natural. Toda la velada fue un viaje subterráneo y elemental, fue apabullante y a la vez sagrado, es bien difícil tratar de explicarlo, no puedo hacerlo cuando los recuerdo a ambos, cantando, haciendo, siendo. Y ahora encuentro muchos atisbos justos de ella, como éste, que apareció en El Mercurio, y en tantos otros medios, y que dice

Camila Moreno
Música para dejar de hibernar
21/10/2008

Hasta ahora se puede oír sobre todo en radio y MySpace, pero en estos días la cantante chilena Camila Moreno empieza a mostrar más seguido en escena sus canciones acústicas. Guitarra, cuatro y voz: no hace falta más para este nuevo sonido natural.


y yo recuerdo muchas palabras y momentos de ésa noche, instantáneas que no podría compartir en esta escritura porque son parte de ese misterio y esa omisión en que se están construyendo estos presentes. Pero lo que ella hace no es un misterio porque si bien es complejo, es transparente y es sincero, en ella hay conjunciones y citas literarias, musicales, astrales, existenciales... sólo fusionadas de la manera en que ella sabe hacerlo o tal vez ni siquiera eso, así como en la poesía, recuerdo, el poeta es el último en enterarse o ser consciente que lo que escribe es poesía, en ella puede ser un lenguaje natural, un abecedario roto, una forma de hablar primitiva que ya no le pertenece, menos mal.



2 comentarios:

esteban dijo...

Interesante la música de Camila.

Pd1: muy bellos tus poemas.
pd2: Chinoy la lleva!!!!!

V dijo...

ESa misma tocata fue cuando nos conocimos pues, cuando te conté que Chinoy me había salvado del abismo y tú lamentabas haberte quedado dormida en un momento, que no recuerdo bien, porque el alcohol ya hacía efecto.
Y la lluvia era torrentosa.

Fue una bonita velada, como dice un amigo por ahí.

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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