11 junio 2008

m u d a n z a (2)


Ella viaja largas horas y no llega a su destino,
hay carteles con su nombre, hay personas
que esperaban un encargo y ella viaja largas
horas y no llega y eso es todo: fue la mano,
no era yo quien saludaba, fue la sombra
no era yo quien se escondía en los andenes
interiores y pedía urgentemente que bajaran
el volumen: ella viaja largas horas, hay
carteles con su nombre, le bajaron el
volumen al zumbido, muchas veces los
aviones o los buses se detienen por un
rato y acumulan combustible mientras
cenan o comentan los efectos especiales
y las manos enfundadas se acaloran.
Le bajaron el sonido a los motores
pero vienen en seguida según dicen
y comentan quienes miran los recuadros
de la prensa o revuelven con los ojos
la cerveza. Ella viaja largas horas
y no llega. Ella duerme mientras pasan
la frontera, nunca supo que trajeron
desayuno que ahora mismo cruzarán
la turbulencia, no era yo quien
saludaba atentamente quien pedía
que llenaran el estanque hasta el rebalse
porque en días como estos no se puede
-no se debe- hacer promesas en el aire
no conviene revisar la borra espesa
del café ni grabar las iniciales
en un libro que más tarde se
desfonda en la memoria; o en pizarras
con plumones que exasperan las
señales que se borran según dicen que
no vino, que ella duerme todavía sin saber
que cruzarían la turbulencia, ella viaja
tan tranquila sin llegar a su destino,
hay personas que esperaban con
carteles, con pizarras, no era yo
quien saludaba atentamente con
las cejas hacia el fondo ennegrecido
de personas que comentan las escenas
principales mientras llegan los encargos
las maletas, las plumones, los zumbidos,
los carteles, el destino y las cervezas.


Alejandro Zambra

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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