11 junio 2008

El entrecruce del deseo


En la construcción de los espacios estancos de lo masculino/femenino existe un mandato sobre nuestros cuerpos y su capacidad de sentir. Este mandato inhibe la capacidad de encuentro con un otro -sea éste mujer o varón-, sumerge a los seres humanos en el miedo y la culpa, disminuye sus fuerzas y capacidades. Esta transgresión se traduce en conflictos y rechazos de nuestros cuerpos y de nuestras mentes y tiene una traducción, un correlato, en cómo construimos sociedad donde la libertad aún es una utopía.
Amar es un sentimiento, lo más que podemos hacer con este sentimiento es expresarlo haciéndonos responsable de él y de sus ciclos, si lo cargamos de proyecciones de futuro estamos transformando lo que es un proceso fluido en estático. Así, repetimos lo aprendido en las relaciones parentales de la incondicionalidad y obligatoriedad del amor y construimos la deshonestidad como sistema. El apego, que no nos deja ver los cambios cíclicos del amor, nos sumerge en la tragedia de la pérdida del amor o en la acomodación del no amor.*



*fragmento escogido
Margarita Pisano
Los deseos de cambio, o... ¿El cambio de los deseos?
Ediciones Casa de la Mujer La Morada

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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