12 junio 2008

Caperucita Roja


Caperucita Roja visitará a la abuela
que en el poblado próximo sufre de extraño mal
Caperucita Roja, la de los rizos rubios,
tiene el corazoncito tierno como un panal.

A las primeras luces ya se ha puesto en camino
y va cruzando el bosque con un pasito audaz
Sale al paso Maese Lobo, de ojos diabólicos
"Caperucita Roja, cuéntame adónde vas".

Caperucita es cándida como los lirios blancos
"Abuelita ha enfermado. Le llevo aquí un pastel
y un pucherito suave, que se derrama en juego
¿Sabes del próximo pueblo? Vive en la entrada de él".

Y ahora, por el bosque discurriendo encantada,
recoge bayas rojas, corta ramas en flor
y se enamora de unas mariposas pintadas
que la hacen olvidarse del viaje del Traidor.

El Lobo fabuloso de blanqueados dientes,
ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,
y golpea en la plácida puerta de la abuelita,
que le abre. (A la niña ha anunciado el Traidor).

Ha tres días la bestia no sabe de bocado
¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!
... Se la comió riendo toda y pausadamente
y se puso en seguida sus ropas de mujer.

Tocan dedos menudos a la entornada puerta
De la arrugada cama dice el Lobo "¿Quién va?"
La voz es ronca. "Pero la abuelita está enferma"
La niña ingenua explica "De parte de mamá".

Caperucita ha entrado, olorosa de bayas
Le tiemblan en la mano gajos de salvia en flor
"Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho"
Caperucita cede al reclamo de amor.

De entre la cofia salen las orejas monstruosas
"¿Por qué tan largas?" dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazado a la niña:
"¿Para qué son tan largas? Para oírte mejor".

El cuerpecito tierno le dilata los ojos
El terror en la niña los dilata también
"Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes ojos?"
"Corazoncito mío, para mirarte bien..."

Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor
"Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes dientes?"
"Corazoncito, para devorarte mejor..."

Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos,
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón;
y ha molido las carnes, y ha molido los huesos,
y ha exprimido como una cereza el corazón...



Gabriela Mistral

1 comentario:

Ernesto Guajardo dijo...

¡Qué ignorancia! No conocía este poema.

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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