20 mayo 2008

T e r e s a






La pequeña muerte no espera El pequeño fin que 
has puesto a dormir entre tus cosas Las cenizas de un lamento que más de alguna vez rasgó tu historia La carterita negra que me entregaste y que habías hecho tú porque pensabas que yo también estaba de duelo Ahora que escribo este subrayado sobre tu nombre No me convenzo de todo este tiempo entre derivas La voz y tus instrumentos Los libros posibles y el grito que decía ¡Láncelo ahora! (por mi pequeño libro de poemas) Como una orden demorada que hoy llega entre truenos y tormentas La lluvia medrosa que desgrana mi sangre se hace agua Teresa no hay muerte Teresa no hay miedo Teresa no hay deuda Teresa no hay más Yo te seguía viendo en imágenes desclasificadas Y unía tu estampa a la época más devotamente hermosa en que he morado mientras dolía Porque en esos tiempos fuiste madre Fuiste también nuestra madre Y éramos tres hermanos que teníamos dos madres Y a veces éramos cuatro y cinco y hasta seis Y teníamos dos madres y pocos padres Y algunos que se habían muerto Y otros que ya ni siquiera habitaban nuestros nombres Y hoy Recién Me llega la noticia de esta Tu pequeña muerte Y eres la niña que avanza entre el aire de la música y el aire de la risa Y entonces vuelvo a ver tu cuerpo delgado guarecerse de esta lluvia y luego me digo que La vida no puede llegar a ser la culpa que nos amarra el cuello Aislándonos en lo ajeno Porque cuando invadíamos tu casa tú estabas contenta Y porque tal vez en esta pequeña casa tuya Al fin puedas encontrar el sigilo de tu búsqueda Mujer De las manos fuertes La del rostro antiguo que refulgía en cualquier oscuridad musitada La del andar lento y liviano Apenas perceptible entre un simbólico desorden Entre banderas de humos secretos La del pelo largo que arrinconaba a las sombras Y se debatía entre soledades y euforias de grande bagaje Late en tu silencio y en tu falta Son las flautas traversas y los niños Es la bulla de que no estés fumando y cantando a cualquier hora -abriendo las ventanas- Es el momento en que has venido a irte Mi madre almidonada que brilla y hunde No esperes más la estocada de ningún acorde No hagas el calco de tus andares y cruces Los hombres hace ya tanto dejaron de corresponderse con estas heridas No te lances en el trueno No te ahoges en las prisas Vete al mar Yo te sigo viendo y mis hermanos Van a pintar en tu pecho lo que no espera Vamos a escribir hasta el cansancio de/en nuestras muñecas Que no somos separados Que algún día venimos y no vamos Que pronto nos vemos y rezamos Murmurando como sabemos el abecedario de nuestros trágicos veranos Porque estas pequeñas muertes nuestras y tuyas nos hacen más grandes Porque estos duelos de azul junto con estos partos y renuncias y mudas voces Nos arrancan Nos abren Nos fugan Nos borran El nombre se nos borra Con esta partida otra Se nos borra el invocar Por no saber Teresa Por torpeza Por desidia Por cobardía Por mera destreza Niña de los amores y sus compases quebrados Pequeña nación de pasiones desiertas Pequeña mi pequeña muerte Mi pequeña trampa de vida Mi pequeña mancha de sol Mi preciosa sed

1 comentario:

Gabriel dijo...

quoted you. saludos

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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