22 mayo 2008

Eugenia Brito

Poeta Eugenia Brito al Premio Nacional de Literatura
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¡adhieran!

20 mayo 2008

T e r e s a






La pequeña muerte no espera El pequeño fin que 
has puesto a dormir entre tus cosas Las cenizas de un lamento que más de alguna vez rasgó tu historia La carterita negra que me entregaste y que habías hecho tú porque pensabas que yo también estaba de duelo Ahora que escribo este subrayado sobre tu nombre No me convenzo de todo este tiempo entre derivas La voz y tus instrumentos Los libros posibles y el grito que decía ¡Láncelo ahora! (por mi pequeño libro de poemas) Como una orden demorada que hoy llega entre truenos y tormentas La lluvia medrosa que desgrana mi sangre se hace agua Teresa no hay muerte Teresa no hay miedo Teresa no hay deuda Teresa no hay más Yo te seguía viendo en imágenes desclasificadas Y unía tu estampa a la época más devotamente hermosa en que he morado mientras dolía Porque en esos tiempos fuiste madre Fuiste también nuestra madre Y éramos tres hermanos que teníamos dos madres Y a veces éramos cuatro y cinco y hasta seis Y teníamos dos madres y pocos padres Y algunos que se habían muerto Y otros que ya ni siquiera habitaban nuestros nombres Y hoy Recién Me llega la noticia de esta Tu pequeña muerte Y eres la niña que avanza entre el aire de la música y el aire de la risa Y entonces vuelvo a ver tu cuerpo delgado guarecerse de esta lluvia y luego me digo que La vida no puede llegar a ser la culpa que nos amarra el cuello Aislándonos en lo ajeno Porque cuando invadíamos tu casa tú estabas contenta Y porque tal vez en esta pequeña casa tuya Al fin puedas encontrar el sigilo de tu búsqueda Mujer De las manos fuertes La del rostro antiguo que refulgía en cualquier oscuridad musitada La del andar lento y liviano Apenas perceptible entre un simbólico desorden Entre banderas de humos secretos La del pelo largo que arrinconaba a las sombras Y se debatía entre soledades y euforias de grande bagaje Late en tu silencio y en tu falta Son las flautas traversas y los niños Es la bulla de que no estés fumando y cantando a cualquier hora -abriendo las ventanas- Es el momento en que has venido a irte Mi madre almidonada que brilla y hunde No esperes más la estocada de ningún acorde No hagas el calco de tus andares y cruces Los hombres hace ya tanto dejaron de corresponderse con estas heridas No te lances en el trueno No te ahoges en las prisas Vete al mar Yo te sigo viendo y mis hermanos Van a pintar en tu pecho lo que no espera Vamos a escribir hasta el cansancio de/en nuestras muñecas Que no somos separados Que algún día venimos y no vamos Que pronto nos vemos y rezamos Murmurando como sabemos el abecedario de nuestros trágicos veranos Porque estas pequeñas muertes nuestras y tuyas nos hacen más grandes Porque estos duelos de azul junto con estos partos y renuncias y mudas voces Nos arrancan Nos abren Nos fugan Nos borran El nombre se nos borra Con esta partida otra Se nos borra el invocar Por no saber Teresa Por torpeza Por desidia Por cobardía Por mera destreza Niña de los amores y sus compases quebrados Pequeña nación de pasiones desiertas Pequeña mi pequeña muerte Mi pequeña trampa de vida Mi pequeña mancha de sol Mi preciosa sed

07 mayo 2008

Una niña mala



Her power is her own.
She will not give it away.
Sandra Cisneros



Quiero ser una niña mala y no lavar nunca los platos y escaparme de casa. No voy a explicarle las tareas a nadie, ni a tender la cama. No quiero esperar en el balcón, suspirando y aguantando lágrimas, la llegada de papá. Ni con mamá ni con nadie. Cuando sea una niña mala gritaré, lloraré dando alaridos hasta que la casa se caiga. Cuando sea una niña mala no voy a volver a marearme y a vomitar. Porque no voy a subir al auto que no quiero para dar las vueltas y los paseos que no quiero, ni voy a comer lo que no quiero, ni a temer que alguien diga si vomitas te lo tragas, pero a papá no se lo hacen tragar. Yo voy a ser una niña mala y sólo voy a vomitar cuando me dé la gana, no cuando me obliguen a comer.
Llegaré con rastros de lápiz rojo en las camisas, oleré a sudor y a trago y me acostaré con la ropa sucia puesta y roncaré hasta despertar a toda la familia. Todos despiertos, cada uno callado en su rincón, respirando miedo. Quiero ser el ogro y comerme a todos los niños, especialmente a los que no duermen mientras yo ronco y me ahogo. Porque los niños cobardes me irritan. Quiero niños malos y quiero una niña mala que no se asusta por nada. No le importan ni la pintura ni la sangre, prefiere la piedra al pan para dejar su rastro y aúlla con las estrellas y baila con su gato junto a la hoguera. Esa es la niña que voy a ser. Una niña valiente que puede abrir y cerrar la puerta, abrir y cerrar la boca. Decir que sí y decir que no cuando le venga en gana, y saber cuándo le da la gana. Una niña mojada, los pies húmedos en un charco de lágrimas, los ojos de fuego.
La niña mala no tendrá que hacer visitas ni saludar, pie atrás y reverencia, ni sentarse con la falda extendida, las manos quietas, sin cruzar las piernas. Las cruzará, el tobillo sobre la rodilla, y las abrirá, el ángulo de más de noventa, la cabeza alta y la espalda ancha y larga, y se tocará donde le provoque. No volverá a hacer tareas, ni a llevar maleta, ni a dejarse hacer las trenzas, a tirones, cada madrugada, entre el huevo y el café. Nadie le pondrá lazos en la coronilla ni le tomarán fotos aterradas. Tendrá pelo de loba y se sacudirá desde las orejas hasta la cola antes de enfrentarse al bosque.
No me paren bolas, gritará la niña mala que quiere estar sola. No me miren. No me toquen. Sola, solita, se subirá con el gato a sillas y armarios, destapará cajas y bajará libros de estantes prohibidos. Cuando tenga su casa y cierre la puerta, no entrará el hambre del alma, ni los monos amaestrados, ni curas ni monjas. El aire de la tarde la envolverá en sol transparente. Las palomas y las mirlas saltarán en el techo y las terrazas, y las plumas la esperarán en los rincones más secretos y se confundirán con los lápices y las almohadas. Se colarán gatos y ladrones y tal vez alguna rata, por error, porque sí, porque van a lo suyo, de paso, y no saben de niñitas ni buenas ni malas. Armará una cueva para aullar y para reír. Para jugar y bailar y enroscarse. Para relamerse.
Ahora el balcón ya está cerrado. El gato todavía recorre y revisa los alientos. Es tarde y la niña buena, sin una lágrima, se acurruca y se duerme.


Montserrat Ordóñez, Colombia.
Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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