17 abril 2008

Si la noche no es azul



14 de abril, 1963

Cubrió su rostro lo que más amo: un silencio que escondía palabras fatales, palabras presentidas, no formuladas, pero que están presentes como sombras amigas. Rostro suyo doliéndome con hermosura. Yo estaba enferma y me encendía hasta el delirio la posibilidad de morir haciendo el amor. La fiebre hizo de mí una muy feliz náufraga: me proyectó a un lugar que hasta esa noche habia sido el imposible emblema de mi esperanza.


26 de abril, 1963

Pasa que si no escribo poemas no acepto vivir, vivirme. Pasa que la condición de mi cuerpo vivo y moviente es la poesía. Pasa que si no escribo no me dejo, no me dejaré nunca vivir para otra cosa. Una noche del año 54 lo juré. No se trata de fidelidad sino de saber quién soy y para qué estoy aquí. No se trata de obligarme sino de arder en el lenguaje. Todo signo de huida me duele porque me niega, me desaparece. Esto es orgullo y locura. Lo es y también a causa de lo que hago con mi cuerpo: castigarlo hasta que diga palabras, es decir poemas. Yo moriré del método poético que me creé para mi uso y abuso. Nada menos poético pero nada más cercano -dadas mis limitaciones naturales- al verdadero lugar de la poesía.
Aún así, estoy fatigada y no puedo más. He de poder. O puedes o reinventas. Elige. Yo, por mi parte, ya no puedo más.
Vivir, morir. Pero si se trata de aprender a jugar. Lo que me sigue desde que escribo es un grupo de palabras patéticas que no comprendo, que nadie comprende. He aquí lo difícil: hablar de lo que se sabe. Bueno, pero después de todo, hablar de lo que no se sabe es preguntar.
Toda mi vida quise esto -dijo-, mirar un rostro tal como es. La abstracción acecha. Es más: la invadió. Alguien que ve medio rostro, medio cielo, medio árbol. Su ojo ausente rehace lo visto simultáneamente al ojo presente que observa y comprueba y es un fiel testigo de lo que se le ofrece. Ejemplo del relativismo inherente a lo creado, su ojo huidizo no solicita del mundo más que un punto negro, un punto de partida para irse lejos dle mundo a remendar el agujero de ausencia entrevisto. El otro yo, naturalmente, es excesivamente determinante. Lo que lo recuerda lo recuerda, de una manera abrumadoramente justa. Pero ella está de parte de la ausencia. Por eso mira el mundo con un solo yo, el que la invitara a evadirse de las miradas y de lo que se mira.


29 de junio, 1963

Si la noche no es azul.


6 de agosto, 1963

Estos muros, estas grietas. Estas grietas hacen aparecer en los muros los labios, los ojos, la sonrisa, el rostro al que sacrifico mi persona.

¿Qué lejanía bastarda se acumula en los rincones de mi cuarto? He temblado como una idiota cada vez que sonó el reloj. ¿La hora de qué cosa?
(...)
Apenas aparezco todo se vuelve una imagen lejana que está en un lugar al que accedo si me destruyo y me desmorono.

Pero el silencio es tan cierto, tan verdadero. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Alguien -tal vez muchos- tiembla a mi lado. Gente que he amado. Mis sucesivas habitaciones fueron tugurios de espectros, sumideros de llamadas ahogadas por mi orgullo, por este temor de ser rechazada por gente sin realidad, que no debiera impotarme, dada su naturaleza invisible.


Alejandra Pizarnik, Diarios.

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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