13 abril 2008

La Otra



Una en mí maté: ya no la amaba. Era la flor llameando del cactus de montaña; era aridez y fuego; nunca se refrescaba. Piedra y cielo tenía a pies y a espadas y no bajaba nunca a buscar "ojos de agua". Donde hacía su siesta, las hierbas se enroscaban de aliento de su boca y brasa de su cara. En rápidas resinas se endurecía su habla, por no caer en linda presa soltada. Doblarse no sabía la planta de montaña, y al costado de ella, yo me doblaba... La dejé que muriese, robándole mi entraña. Se acabó como el águila que no es alimentada. Sosegó el aletazo, se dobló, lacia, y me cayó a la mano su pavesa acabada... Por ella todavía me gimen sus hermanas, y las gredas de fuego al pasar me desgarran. Cruzando yo les digo: -Buscad por las quebradas y haced con las arcillas otra águila abrasada. Si no podéis, entonces, ¡ay! olvidadla. Yo la maté. ¡Vosotras también matadla!


Gabriela Mistral
Primer Premio Nobel de Chile
1945


*En la foto, junto a Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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