09 enero 2008

Fábula de la divina providencia...




Fábula de la divina providencia y una lata de jurel


Abierta de cuajo y de piernas abiertas
de un tajo metálico
hijos muertos va pariendo
pariendo aunque más vale por vómito
que por parto.
Por parto más valdría seguir pujando
por vómito
abierto un cuajo de tajo metálico.
Una vez he aceptado ya ser cómplice
de este daño
y esparcido en un segundo el cementerio en el mantel.
Me distancio del encuentro
con la lata de jurel
por comer sobre una herida
y les digo, yo también poseo mi tajo metálico.
Me vale más decirlo
y no descubran por la fuerza
que de fuerza yo he vivido
he fingido por la fuerza
la que arrastra objetos a la hierba
esas desmayadas, objetos de todo condón umbilical.
Me desvío y vuelvo a ratos
en aquello que se conserva
algo del bestiario del jurel y las arvejas.
Pero por qué no mis manos (por mi culpa)
por qué no mi regla (porque sangro).
Preguntaste cuando niña ¿por qué yo sangro?
si nunca me he pegado entremedio ni en la nuca
sólo en las rodillas
de ahí para abajo de las piernas
(por tu culpa, por tu culpa, por mi vulva).
Apenas excomulgan los puños en el pecho
y el deseo castigando
en cómodas cuotas mensuales.
Eso y más me vale por vómito
que por parto
pues tengo el cuerpo desahuciado en una lata de jurel.


Marcela Parra
Silabario, mancha.

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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