17 diciembre 2007

Cerquita de mí




"No encuentro la paz
ni de noche ni de día
sin embargo, me gusta
languidecer así"
Mozart

Aquí, cerquita de mí, quiero que te sientes, quiero que te sientes y me des agua, quiero que me pongas las gotas de agua con el dedo en los labios, en la herida roja que maquillo para intimidar a las demás. Cerquita, así de cerca, siéntate y lámeme la cara, la mejilla, el mentón, con el agua simula mi sudor, acércate y aférrate a este delimitar líquido de un rostro deconstruido por un deseo carnal. Siéntate, quietito, con el dedo bien mojado, pásalo por los ojos, yo voy a cerrar los ojos cosidos, los voy a abrir, van a estar mojados y, ambos sentados, trataremos de dibujarnos los rasgos perdidos por la violencia del pacto. El agua lo cura todo, así dicen, pásame el contorno de tu dedo húmedo por el bosquejo de una cara que todavía no termino, que aún avanza entre las propuestas de tantas otras, por no reconocer su encuadre, su marca, sólo sé mirar el tajo de la boca que gotea porque se ha juntado el agua con el aceite sangre mientras acomodas tu cuerpo a la silla, incómoda y cuadrada.
Siéntate y aquéjame, mírame de reojo, no tengo pretensiones de apuro, hay un vaso de agua lleno, hay secuelas de mí que piden agua, porque son los rostros y los daños, las damnificaciones de todo lo que atenta contra este pequeño pliego de carne; las miradas, los gritos, los besos, los golpes, los gestos, los movimientos serios. Arroja tu mano en mi pelo. Deja que este tajo gotee hondo y haga una posa en mi regazo raspado, descuerado, en mis piernas rajadas de orillas y de cortes que tantos filos de espejos le han hecho para que se marque.



No hay comentarios:

Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

.

.