13 noviembre 2007

MAPAS



Agoto cuadernos. Propongo mis márgenes. Defino las miradas en los pavimentos. Construyo mi propio armazón de fuente de deseo. Hablar del cuerpo. De estos cuerpos. Hablar del espacio que los separa. Hablar de los códigos que los instauran, escribirlos para trasgredirlos, para conmutarlos, para hacerlos verdaderos soportes de libros. Construirme con ello. Tratar de construir un apéndice de dolor, de fatiga, de inocencia, de desparpajo, de florencias tristes o perversas, pero hacerlo para el enfrentamiento, para la pérdida, para la lucha con esa raza que no me sé, que no atisbo.
Cargo mis pies de huérfana, esta poca vida que se acumula en mi carne, este poco decir y mal, quiero preguntar si me encuentran algo distinto, si me encuentran algo mayor, sé que la respuesta será no, sé que se preguntará bastante y no se responderá lo suficiente. El tiempo y sus escoltas a pesar de no abandonarme no me cuentan, cumplen un trabajo práctico.
Y un paseo por un borde ancestral, un beso apegado lentamente a la boca como una renuncia, como un sinónimo no de silencio sino de falta de palabras, un sello impuesto con el frío en la piel de dos labios que no pronuncian que no conocen que no saben hablar.
Llega la noche, se abre la suerte de la vida como un horno terrible que se ha quemado a sí mismo. Pienso en las horas que gasto, pienso en lo concerniente a estos días fortuitos, no llegan al fondo, estos días no consienten llegar hasta el fondo y yo me enfrío.
Pero mi agresión anda dispersa, pues hay estados inconclusos, acaso hay guiones entre frases, como existencias trazadas desde antes, como encuentros tal vez, como estos mapas idénticos a las venas de mi brazo, trazos y caligrafía pura de la piel intervenida. Pero los cuerpos ya estaban signados. Y eso nos tensa y descontrola y el borde del fracaso nos atrae. No arribamos en la vida, lo sabemos. A veces nos hundimos de pura euforia. De inexorable neurosis. De esto es lo que se trata.


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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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