08 noviembre 2007

Malú Urriola



escribir arruina, entera soy una ruina cada vez que me siento y trazo un puñado de palabras, como una leprosa se caen a pedazos las partes de mí, del polvo que se levanta podría trazar un camino, pero jamás vuelvo, nunca vuelvo a menos que sea para contemplar los escombros sobre el suelo, una parte de mí necesita desmoronarse, es nuestro secreto, sabemos que necesitamos venirnos abajo, no hay mejor trazado que una vida propia, y para que sea propia debo derrumbarla, cada cierto tiempo me derrumbo, sabes que no quedan de este cuerpo sino restos del que alguna vez tuve, no podrías entender que llevamos una estúpida herida que no dejo de lamer, una torcedura que consiste en contemplar la vida y saber que no deberíamos estar, porque en el lugar que estemos, con quien estemos falta algo, sabemos que algo falta siempre, algo que no se sostiene en la trivialidad de días monótonos, que no se nombra, que se incrementa cuando ningún lugar es suficientemente silencioso y hace frío, y el frío me hace mal, sabes que los pedazos de mí son inconformistas, nunca están felices completamente, cuando veo a una vieja comer de la basura me harto, no quisiera escribir más, porque escribir no sirve para nada, ni siquiera mato mi propia hambre, no gano nada, nada que no sea más que un pequeño, un efímero placer que bien podría darme cualquier cuerpo que me cubra del frío, pero no es un cuerpo lo que necesito esta noche, escribir es como drenar y apenas puedo moverme cuando siento a las palabras inflamarme, no me importa nada cuando escribo, no me importa, mentiría si te dijera que me importa, porque apenas me siento, apenas comienzo a juntar un puñado de palabras me olvido de todo, hasta de mí me olvido, y me quedo sentada, me quedo contemplando a las palabras arruinarme... y este corazón que se triza, este corazón que carga tu pena y la propia apenas resiste, ninguna gloria alcanzarán las palabras, ninguna insignificante y puta gloria, porque son incapaces, viven una vida aislada, se corrompen, de una boca a otra se corrompen, no creo en las palabras porque las conozco, son ineficaces, traicioneras son.


Hija de Perra. 1998.

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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