06 noviembre 2007

La belleza a solas




A veces
-y no es que me crea Rimbaud-
me encuentro con la belleza
a solas
creo verla
cuando pasa
y deja ronchas en las pieles cercanas
y me dan ganas entonces
de escribir sobre ella
o de buscarla
en perfiles amados
en cuerpos alucinados
o en simples palabras que
bocas delineadas de besos
hacen quebrar
Darme a solas
contigo
y tu belleza ermitaña
tan de antes
sin estratos ni artificios
tan sin sonido ni muerte
una belleza que no enmarca
que no reduce su campo
una que se libera de todo brillo
y hace que mis palabras
se vuelvan a abrir
Hay mil excusas en ella
como esta carta
pendida del recuadro
atrincherada en silencios impropios
plagada de débiles momentos
breves disculpas
agentes al margen
la belleza de encontrar
en un discurso intercalado
la forma que dé con el tono
del querer
aún, que suceda
Y alargo mis retazos de bellas
frasecitas impares
para decorar el día
y pasar por ahí como un filo
a solas contigo
en la belleza que nos damos
porque no sabemos pedir
otros verbos
porque no sabemos ver sino
lo que a solas le ocurre a ese cuerpo
el de la beldad acaso
y hacer citas y memorias y epitafios y conmemoraciones
de otras citas de bellezas
tan sin nombre calle abajo el adoquín
para reunirnos cualquier día
de la vida
a solas
con la belleza
de las cosas


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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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