12 noviembre 2007

Crazy Cock



Ojo con ojo, fuego con fuego. Hielo rojo sangre y perfume negro. Diosa de la luna y fuego de la luna. El humo de besos desaparecidos. Un arpa que sangra música verde, amapolas que flotan en un mar frío. La redondez del comienzo, el final como un ombligo. Cráteres rebosantes de hielo rojo sangre, hemisferios de leche tibia, plumón de cisne y carne de aceitunas. El milagro era adiós y con eso acaba. Granjas, caras, chirriar de ruedas. Te amo con locura, ¿no ves lo que contienes? Negros trozos de tierra vuelan hacia el cielo tú que tan a la ligera esgrimes labios verdes. El tiempo perdido estaba en las caricias de ella, huevo incorruptible que precede y perdura, recuerdo no eliminado que resplandece con un último destello. Las ondulaciones de su vientre ocultas en sangre, sus pechos con puntas de melancolía, el humo cargado de droga y la pasión de sus mentiras entretejidos con cicatrices y espirales de colmillos, dique sobre dique de arpas sangrantes, de besos sofocados con amapolas y melancolía, de juventud consumida, matriz vuelta, cuerdas que chasquean con música fúnebre, música nocturna escrita sobre arena y la arena sembrada de estrella y ola que alumbra el nido del escorpión. (...) La vida de él pendía de un hilo. Ella tenía en las manos un papel cubierto de palabras que leería y reordenaría en su mente. Había una física y una química de las palabras; había una electrólisis del lenguaje, el pensamiento elevado a símbolo, investido y despojado, polarizado por la sangre, anclado en el instinto, gobernando con la luna sus mareas altas y bajas a través del ciclo monótono y frenético de la carne y la vida imaginadas, barrote de prisión y ventana de cielo, estallido de canto y delirio. Ella las iría tomando una a una, la intangible armonía interior de cátodo y vórtice y la dulce sustancia visible del crecimiento molecular, las tomaría y las ordenaría dinámicamente en el manuscrito del vivir.


Fragmento de Crazy Cock
Escrita en 1929, publicada en 1991.

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Sin embargo, lo femenino está en otra parte, siempre ha estado en otra parte: ahí está el secreto de su fuerza. Así como se dice que una cosa dura porque su existencia es inadecuada a su esencia, hay que decir que lo femenino seduce porque nunca está donde se piensa.

Jean Baudrillard

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